
Un desafío clave para el sector agrícola es alimentar a una población mundial cada vez mayor y, al mismo tiempo, reducir el impacto ambiental y preservar los recursos naturales para las generaciones futuras. Según las previsiones, cerca de 670 millones de personas seguirán padeciendo hambre en 2030, es decir, el 8% de la población mundial, igual que en 2015, cuando se puso en marcha la Agenda 2030.
Desde la FAO se promueve una agricultura próspera, inclusiva, sostenible, baja en emisiones y resiliente al cambio climático y lograrla es imperativo para alcanzar los ODS y dar cumplimiento al Acuerdo de París. Este tipo de sistemas pueden generar una mayor y mejor alimentación y también evitar la generación de costos indirectos para la sociedad, como son los problemas de salud, la falta de agua de calidad, el cambio de uso del suelo, entre otros.
